
Un acuerdo social? Esa serÃa la última idea que estarÃa calentando la cabeza de Néstor Kirchner sobre la cual tienen conocimiento, aún vagamente, dos ministros del Gobierno. Nadie sabe si el ex presidente habló en profundidad del tema con Cristina Fernández. Pero existe constancia pública y privada de que el proyecto de una concertación entre el Gobierno, los sseñalatos y las entidades empresarias figuró en los tópicos iniciales de la campaña de la Presidenta. Esos tópicos, ya en el poder, desaparecieron.
¿Por qué razón regresarÃan en este momento? Por múltiples razones. El mundo está siendo castigado por gravÃsimos conflictos baratos que empiezan a desembarcar además en la Argentina. El Gobierno kirchnerista tiene una manifiesta anemia social que podrÃa agravarse al compás del desempleo. Uno de los dos principales aliados del Gobierno, la CGT de Hugo Moyano, sufrió un revés polÃtico con el fallo de la Corte Suprema de la semana pasada que abrirÃa las puertas a la posibilidad de un régimen gremial de mayor pluralismo.Hay sobre esta cuestión, aún, mucho más humo que fuego: pero fue ese humo atizado por la CTA y por agrupaciones disidentes, con certeza, el que forzó a Moyano a elevar en público sus exigencias al Gobierno. ¿Qué exigencias? Una remuneración fija de 500 pesos para todos los trabajadores antes de fin de año y la demanda de una triple indemnización en caso de despidos.
El lÃder camionero encontró en esos reclamos una manera de tomar distancia. HabÃa apuntalado al Gobierno mientras las discusiones salariales. Disimuló todo lo que pudo la inflación cincelada por Guillermo Moreno. Respaldó la reestatización de AerolÃneas Argentinas y de las jubilaciones privadas. Permaneció más de un dÃa en silencio luego del fallo de la Corte entretanto la CTA, en pleno jolgorio, solicitaba compensaciones por los efectos de la crisis y era recibida en audiencia por Carlos Tomada, el ministro de Trabajo.
Moyano estaba, con algún riesgo, cerca de un estrangulamiento polÃtico. Dos gremios, por encima de otros, dejaron fluir su malestar en la CGT: el SMATA, de José RodrÃguez y la UOCRA, de Gerardo MartÃnez. La industria automotriz y la construcción son los primeros sectores productivos afectados por la crisis. Luis Barrionuevo, desde la central obrera paralela, desarrolló además su tarea de zapa para desgastar a Moyano.
El deterioro de Moyano serÃa además en este momento el deterioro del Gobierno. Kirchner lo sabe muy bien. Por ese motivo las réplicas oficiales fueron módicas (cierta vehemencia corcontestó sólo a Sergio Massa, el jefe de Gabinete). Por ese mismo motivo el ex presidente tanteó a Moyano mientras el acto peronista del lunes en San Vicente sobre la posibilidad de trabajar rápido en un pacto social.
El impulso del ex presidente asoma, aún, como un simple impulso. Los sseñalatos están alarmados por la insinuación de los despidos. Los empresarios se envuelven en la pavura que genera la indesmentible caÃda del consumo y de la productividad. No será fácil articular esos estados de ánimo: pero Kirchner intuye que es la única salida frente a la crisis económica que avanza y la posibilidad, además, de una disgregación polÃtica.
“No existe ninguna chance para la triple o doble indemnización. Lo del aumento con suma fija además es complicado en un cuadro de caÃda productiva. Lo primero que hay que conseguir es enfriar el clima. Espantar un poco el miedo”, confiaba anoche uno de los funcionarios que está al tanto del proyecto del acuerdo.
La intención del Gobierno serÃa celebrar aquel acuerdo antes de fin de año. “Hay que pasar el verano, no el invierno”, decÃa el funcionario. ¿Qué podrá suceder luego del verano? “Habrá una idea cabal de la crisis económica. En el mundo y aquà además”, explicaba.
El peronismo está dispuesto a acompañar el ensayo. Su historia polÃtica está surcada de ahà ques ensayos, aunque varios de ellos hayan concluido mal. El cálculo de Kirchner supera incluso las orillas de la coyuntura económica: el acuerdo, con el puntal de la CGT, el PJ y las entidades empresarias, serÃa un certificado apto para abordar el año electoral.
Ese tiempo está repleto de incertidumbres. El bloque kirchnerista de diputados se astilló con la partida de Felipe Solá y su grupo. Eduardo Duhalde parece dispuesto a tener un papel polÃtico más activo en el momento que amanezca el 2009. La oposición, con el acercamiento entre el radicalismo y Elisa Carrió, promete no desarrollarle las cosas sencillas al Gobierno. Promete, en especial, concentrar sus energÃas en Buenos Aires donde podrÃa definirse la elección legislativa.
Kirchner ha tomado conciencia de la enrevesada situación y regresó, sin disimulos, a un primer plano que habÃa abandonado. Fue la primera voz del poder que cruzó duramente el acuerdo entre Carrió y la UCR. Se aferró en público a Moyano y está en la búsqueda de un acuerdo social. La otra porción del mando descansa en manos de Cristina, que promedia su larga gira por varias naciones de Africa.
Fuente: clarin.com




















































